
Entrevista a Pilar Galán
Cuando escribes, ¿piensas en algún tipo de lector o destinatario?
Creo que se debe escribir para el lector interior, porque si no convences a ese lector, si no tratas de seducirle, no convencerás ni seducirás a los demás. Siempre se escribe para que te lean, no por fama ni éxito, sino para que surja ese momento en que alguien te dice que has escrito las palabras que cuentan lo que él ha querido leer o lo que siente, y ese momento da sentido a toda la escritura.
En concreto estos cuentos tan autobiográficos, cotidianos y familiares, ¿crees que los puede saborear tanto un adolescente como un adulto?. ¿Son cuentos más para mayores? Aunque hablabas de tus alumnos, de tus hermanos…con su visión particular, desenfadada y más animada, la cual nos hace cambiar nuestra perspectiva, ¿no?
No son cuentos infantiles, pero sí para adolescentes y adultos, para personas que aún mantengan esa forma de mirar el mundo que otros adultos van perdiendo, incluso para aprender a mirar para ver mejor. -
Oía a Maribel que te podías haber inspirado en tu propia experiencia vital, docente, lectora, ¿dónde o en quién te has inspirado más o te han desencadenado el afán de escribir esos simpáticos cuentos?
Se trata de beber de las fuentes más cercanas: la familia, la vida, los hijos, los alumnos, esa realidad que se empeña en parecerse cada vez más a la ficción, y que nos sume en la perplejidad como estado vital. Decía Unamuno que él hablaba mucho de sí mismo porque era el hombre que tenía más a mano, y supongo que todos hacemos eso.
¿Estás ahora en plena madurez literaria y narrativa?
Ahora siento que solo sé que no sé nada. Cuando más escribo más me doy cuenta de lo que me falta por aprender. En literatura uno debe estar aprendiendo siempre. -
Decías que “los habías escrito lo mejor posible”: ¿te referías al cuidado estilístico, a hacer piruetas narrativas, cuidando mucho el desenlace o jugando con los puntos de vista narrativos, desacralizando personaje, etc..? ¿Cuál de esos recursos predomina más o te ha importado especialmente y por qué razón lúdica o estética?
Me refería a que de los miles de millones de formas de contar una historia, yo creo que se trata de contarla de la mejor manera posible, de sacarle el máximo jugo a esa historia, y eso solo se consigue a través de la manipulación del lenguaje. Otros trabajan manipulando hierro, manipulando la piedra…, el escritor trabaja manipulando el lenguaje. La labor del escritor, en cierto modo, es como la labor de los ríos que van puliendo las piedras hasta que producen una música determinada en el agua. Los escritores hacemos eso, lo que yo entiendo por escritor: limamos, pulimos las palabras como si fueran piedras hasta que producen una música y una poesía determinada que es la que uno pretende. -
¿Te has sentido satisfecha de haber vencido la difícil condensación narrativa del cuento? Algunos de ellos son como microrrelatos u otros apuntan ritmos poéticos, Casi todos rezuman ironía y optimismo ¿Es porque te sientes una mujer y una madre/esposa feliz ¿no? y quieres contagiarnos ese estar a gusto contigo mismo y con el entorno de tantos compañeros y sin embargo amigos y de tantos lectores…¿es así?
Escribir cuentos es tratar de describir un instante, una inmediatez, un destello. Escribir cuentos es el arte de la precisión, de la eliminación de lo superfluo, de contar solo lo estrictamente necesario, y prescindir de lo demás: Para mí, el cuento es el género en el que contar se convierte en una lucha contra el espacio, en el que un minuto puede ser eterno y la eternidad caber en un minuto. Los cuentistas somos un poco suicidas, nos jugamos la vida en la primera línea y la resurrección en la última, siempre poniéndonos límites. Y la ironía y el optimismo más que reflejar mi estado de ánimo (que también) son una defensa contra el estado de la sociedad y el ánimo de que todo está mal. -
Aunque aún no los he podido leer todos, pero ¿recoges en alguno de los cuentos a aquellos que les cuesta pensar como posible el paraíso: los marginados, inmigrantes, parados etc? O ¿no te va literariamente esa preocupación social del momento?
Claro que me preocupa reflejar este estado social. Un escritor, al menos lo que yo considero un escritor, debe tratar de contar las cosas para que no se pierdan, para contribuir a que no veamos normal lo anormal. No se trata de dejar testimonio ni de hacer denuncias, sino de poner delante de los lectores otra mirada sobre lo que pasa.
¿Piensas volver a la novela? Y si es así, tienes aya alguna en el telar? ¿Y tu aventura teatral no piensas continuarla o es que se vende poca literatura teatral y poca poesía o más bien son bastante más difíciles dichos géneros literarios ?
Los caminos de la literatura son jardines que se bifurcan, así que no sé si escribiré novelas.Son más fáciles de empezar que los cuentos, tienes más páginas para atrapar al lector, pero difíciles de mantener. Y necesitan tiempo y oficio. Y al teatro le tengo mucho respeto, es un género de tensión, de ritmo, de mantener un conflicto y encima llevarlo a escena. A lo mejor, por eso mismo, vuelvo a tratar de escribir teatro, para seguir aprendiendo. Y sí, es cierto que no se vende teatro, pero tampoco se venden cuentos.
Me dijiste que te entregué uno de tus primeros premios literarios, recuérdame cuál fue y qué otros premios importantes recibiste y qué han significado en tu carrera literaria? ¿Crees mucho o poco en ellos? ¿Qué piensas de la situación actual del mundo educativo? ¿Ha cambiado o está cambiando bastante de cuándo ejercíamos en él? ¿Y crees que va empeorando o no, por qué o en qué?
Me entregaste el primer premio de un certamen en un albergue juvenil, cuando yo tenía doce años. Me hiciste el mejor regalo para incentivarme a escribir. Ninguno del jurado creíais que yo había escrito ese poema (fíjate que no he vuelto a la poesía), y escribisteis en el borde: se valora la elección de un poema ajeno. Me sentó tan mal que fui a veros, y os convencí de que sí lo había escrito yo. Que personas como vosotros, tan preparadas, creyeseis que escribía bien, fue un estímulo enorme. Tú no te acordabas, pero para mí fue un antes y un después, con mis once añitos. Luego he recibido otros muchos, el Miguel de Unamuno, el de la prensa de Badajoz, el Cuentos de invierno, el Helénides, el Hermanos Caba, el San Isidoro de Sevilla, y otros tantos, y he sido finalista en el NH, Max Aub, en el Ana Mº Matute…Y en prensa, el Francisco Valdés. Han significado un estímulo, quizá porque los recibí con la edad justa para que no se me subieran a la cabeza, y fueran un peldaño, algo que me hiciera seguir escribiendo, y no una meta. Creo en ellos como motivo de ilusión cuando se empieza, o como confirmación de una carrera literaria, pero ya existen muchos que se llaman premios cuando de competición justa tienen más bien poco. Hay premios dados de antemano, porque una editorial está en su perfecto derecho de publicar un libro de autor conocido haciéndolo pasar por ganador de un supuesto certamen. Pero también existen los concursos honestos, los que aún están para sacar del anonimato a escritores que empiezan, o los que premian libros de autores consagrados, no por motivos comerciales, sino solo literarios. Y en cuanto al mundo educativo, se parece muy poco al mundo en que yo estudié. Soy una defensora feroz del poder de la educación para cambiar el mundo. Creo que en los jóvenes está el futuro de un país, de una sociedad, pero al mismo tiempo creo que ningún gobierno se ha preocupado de verdad por ese potencial. La educación debe estar por encima del color político del gobierno. No podemos estar cambiando de sistema cada cuatro años. Todo el mundo tiene que tener las mismas oportunidades para estudiar, y se deberían adaptar los planes para que nadie abandonara el sistema educativo sin una formación que le permitiera integrarse en la sociedad. Y el sistema ha empeorado porque la sociedad ha empeorado. Se transmite a los jóvenes que el éxito debe ser rápido, que lo importante es el dinero, y la fama, y eso llevado a la educación es temible. La educación es una carrera de fondo, no los cien metros lisos, pero cuántos de los que no han estudiado porque no han querido, porque han preferido el camino fácil, ahora se arrepienten.
Publicado por el periódico Extremadura Digital







