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Bajo tus pies la ciudad

Octavio Escobar Giraldo

Antonio María Flórez no se escuda tras la pertenencia a una corriente o movimiento, tampoco esgrime su condición generacional, aunque obviamente tiene contemporáneos ilustres. Le gusta mencionar las ciudades en las que ha vivido -Madrid, Bogotá, Porto Alegre, Barcelona-, pero sigue vinculado a las pequeñas poblaciones de sus orígenes, Don Benito en España y Marquetalia en Colombia, y a Extremadura y Manizales, sus referentes regionales. En vez de ocultar sus influencias, heterogéneas e iconoclastas, las pregona a través de un número de epígrafes que puede parecer excesivo, y mediante dedicatorias y referencias congrega a amigos literarios y personales alrededor de sus libros. Ha escrito arrebatado de amor y lleno de decepción; también calificó sus brevedades de "antiecológicas" y, contradictor de contradictores, ha dedicado buena parte de sus versos a la tauromaquia, convirtiéndola en tema y metáfora. En su obra se pueden rastrear canciones y películas, rimas infantiles y percusiones del rock, vocación narrativa y profundidades ensayísticas, voluntades tipográficas e improntas visuales. Profundo conocedor de la métrica y la rima -y no sólo de las del español-, su musicalidad es la del verso libre y su política, la incorrección. Autor de un libro irrepetible, Desplazados del paraíso, Premio Nacional de Literatura "Ciudad de Bogotá" en 2003, sus exuberancias y reticencias, sus veleidades y silencios, nos enfrentan a un poeta que no huye de la singularidad, tampoco de sus sonrojos. Bajo tus pies la ciudad, publicado por de la luna libros en una colección que reconoce la importancia de unos pocos, es una compilación personal con algunas novedades y una estructura orgánica que revela que el orden también es una cualidad del caos. Tentación para lectores inconformes.

 

Mi cuerpo abierto

 

Mi cuerpo abierto,

desgarrado en jirones.

Tus uñas.

Tus dientes.

El desordenado caos de tus alas

batiéndose en mi sexo.

El furor de la luz,

la humedad de las saetas.

¡Ay abril de dragones,

que me quema y condena.

 

Voy despacio

 

Oliver,

el grito de la luz

que amo

se ha callado para siempre.

 

La soledad

me ha desfigurado

a golpes de silencio.

 

He amado

una y tantas veces.

 

He soñado

en medio de las noches

el poder de las palabras,

de los besos.

 

Todo lo imaginado,

¡todo!

pero la luz se ha olvidado

que una vez fue ala,

garganta

y pájaro.

 

Oliver,

me he sumido

en el turbio canto

de la loca lluvia,

de la derrota.

 

Voy despacio,

amigo,

muy despacio,

buscándote

en el puerto,

hundiéndome

en la sombra.

 

Será abril

 

Un día seré memoria

y abriré los ojos.

Habrá pasado el tiempo.

Será abril y la luna estará

de nuevo llena.

Como hoy.

Tu cuerpo sudoroso

brillando entre mis manos

 

(Publicado por Octavio Escobar Giraldo en su blog "Destinos intermedios")